viernes, 29 de julio de 2016

VIVAS RELIGIONES

Desde tiempos remotos el ser humano tiende a la elevación religiosa, lo que no sabemos a ciencia cierta si es por su propia naturaleza o por algún instinto que todavía no dilucidamos, a pesar de los avances en todas las áreas del saber.
Así como los alimentos solucionan el problema del hambre, las religiones han hecho lo suyo con sus dogmas y manifestaciones espirituales y/o religiosas para solucionar los grandes problemas internos del ser humano. Por eso, el diálogo interreligioso ha sido un eficaz aporte para validar sus visiones, posicionar la pluralidad y reconocer a los otros en su dimensión valórica. Encontrar al otro en lo que es, no en lo que no es[i].
Nombres como Buda, Abraham, Moisés, Jesús y Mahoma aparecen como fundadores o cabezas de una nueva fe o forma de instalarse en el mundo; una nueva conciencia, que a los ojos de muchos se tornaron revolucionarios o locos o también inspiradores de un camino “verdadero”.
Ellos no fueron líderes políticos de nuevas religiones, sino el puente de algo más elevado, más absoluto, más incognoscible, con la humanidad. Sus enseñanzas tienen relación con ideas religiosas preexistentes, pero con un vigor nuevo y refrescante como todo lo que se manifiesta por primera vez, entendiendo que el sello, sin duda, fue la palabra revelada, la manifestación de lo numinoso como portal que se abrió para la humanidad.
Si sistematizamos esta idea debemos recurrir a los Libros Sagrados, ya que fueron la huella y el ordenamiento que los fieles neófitos valoraron y validaron para su peregrinaje, desde el minuto cero hasta el día de hoy; escritos que los eruditos preservaron y distintas corrientes o escuelas interpretaron. Las convicciones y el arrebatamiento de la “fe” son el cimiento para dicha validación, pero como dice Jean-Claude Basset en El diálogo interreligioso[ii]: Ni el Corán, ni el Evangelio, ni la Torá ni la Bhagavad-Gita (…) son fines en sí mismos, sus mensajes no pretenden más que orientar y transformar la vida de los creyentes. Las doctrinas religiosas son interpretaciones del mundo y de la realidad; las prácticas rituales no tienen otra finalidad que jalonar e inspirar la vida humana.
Agregamos a esto que están ricamente acompañados de numerosos relatos cosmogónicos, teogónicos y escatológicos los que ayudan a la actualización de sus ritos y sus creencias, como base de su propia cosmovisión. Estructuras como templos, comunidad, hogar, educación religiosa fueron, son y serán coadyuvantes.
Todas las religiones que se desarrollaron después de los iluminados: Budismo, Judaísmo, Cristianismo, Islamismo, han dado respuesta al misterio de la vida y de la muerte. Todas tienen un discurso moralizante que da pautas de cómo vivir y cómo enfrentar el deceso. Todas enseñan y sugieren conectarse, ya sea con Di-s o la fuente que es el sí mismo o una realidad en sí, para encontrar la Luz reveladora y liberadora, aprendiendo y aprehendiendo. Sublimes enseñanzas y las más elevadas metas a las que podemos optar los seres humanos, a pesar de nuestros límites físicos y espirituales.
No están exentas de relatos mitológicos y leyendas que enriquecen y operan como “bibliografía complementaria” a sus textos sagrados fundacionales. De hecho, el marco fundamental para entender cada una de la religiones será el de sus libros sagrados, que darán pauta de comportamiento del individuo; así, desde un prisma de aproximación histórica tenemos la presencia de profetas, maestros, sabios, lugares sagrados, hierofanías, ritos sagrados y mitos, cultos particulares, símbolos y objetos entre otros; todo aquello conformando ideología, dándoles una impronta particular y a la vez general. Todos estos documentos escritos son un soporte inmutable para no perder la esencia y las enseñanzas.
De lo anterior podemos englobar la idea de un diálogo interreligioso que pasa por una dimensión ética, un aspecto comunitario y por fenómenos como las creencias y las prácticas.
Para concluir aglutinamos ideas centrales que unen a las corrientes religiosas más importantes (de las que nos hemos referido en líneas arriba), y que de algún modo están inmanentes en sus principios: Libros sagrados, dicotomía entre lo sagrado y lo profano, prácticas rituales, historias sagradas (mitos), creencias que no son empíricamente probables, “castigos” espirituales y/o materiales por infligir los códigos que se dan de manera natural y por la ley de causa y efecto, etc.  Añadimos a esto “el milagro” de su supervivencia, a pesar del secularismo, de concepciones laicas agnósticas, de los problemas políticos mundiales, de nacionalismos religiosos, de las migraciones, de las nuevas religiosidades, etc., etc.
A nuestro pensar para entender o decodificar de qué se trata el rescate del diálogo interreligioso, deberíamos empezar por la siguiente exégesis de Basset[iii]: (…) cinco tipos de relaciones interreligiosas, paralelas o anteriores al diálogo (…) la coexistencia (…) que es también el punto cero del encuentro, excluida al nivel religioso. (…) la confrontación de dos universos religiosos, que degenera en conflicto abierto cuando va acompañado de la oposición de las fuerzas culturales y políticas. (…) la conversión, cuyo otro nombre es ‘apostasía’, el paso individual o colectivo de una confesión religiosa a otra. (…) la inculturación, es decir, la integración de elementos culturales y religiosos en una tradición procedente de otro contexto. (…) la simbiosis duradera y recíproca de dos o de varios universos religiosos…
Los valores o principios inmanentes a estas religiones siempre tratan sobre las relaciones de la religión con la sociedad, la familia y la moral; también, sus relaciones con la ciencia y sobre la tolerancia.
En términos menos antropológicos o menos sociológicos o menos teológicos postulamos a que todas las religiones apuestan por la sencillez del corazón. La diferencia radica en la forma: para judíos, cristianos y musulmanes ese corazón es amado y acompañado por un Di-s y para los budistas, ese corazón es más que la primera de las ilusiones... pero todos hablan desde y para el corazón, que es lo vale…

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Muchos cantos de sirenas han dicho que las religiones van en detrimento y que desaparecerán. Lo mismo decían de la novela  ante la presencia de nuevas tecnologías y ahí están ellas: algunas en librerías, otras en bibliotecas, otras en preparación, otras en las manos del estudiante que viaja en metro… Las religiones han tenido sistemáticas mutaciones a la lo largo de la historia. Eso es lo concreto. Muchas de esas transformaciones han sido derivadas de hechos históricos y otras de cismas o rupturas dentro de la ortodoxia de las mismas, a veces por motivos raciales, otras por motivos bélicos y en otros casos por desentendimiento con las instituciones religiosas. Por este motivo encontramos desmembramiento en religiones tradicionales como el Judaísmo, Cristianismo, Islamismo e incluso en el bondadoso Budismo, lo que ha generado una rica interculturalidad derivando en nuevas culturas que interactúan.
El fenómeno de la secularización observa la tradición, la modernidad y la postmodernidad, poniendo énfasis en una sociedad fragmentada, en la que muchas veces el “diálogo” entre la ciencia y la religión pareciera de sordos, entendiendo secularización como un proceso que se desarrolla durante varios siglos y conduce al hombre occidental a apartar su pensamiento, su actividad y su vida de la influencia de la iglesia y a afinar su autonomía.[iv]
Pareciera que esta premisa daría valor a la dicotomía “fe” como “antiguo régimen” versus “conocimiento científico” como “nueva sociedad” (pensamiento evolucionista), demostrable en particularidades del postmodernismo como la pérdida de la certeza y la época del desencanto de las que se conversa en el living de la casa o en el restaurante de la esquina…
Las religiones no son solamente productos de la espiritualidad (que, de hecho, también lo son), sino también de la geografía, lo que nos lleva a observar los distintos factores políticos y de poder en general. A pesar, de esto, la ideología de cada una y sus propias manifestaciones y experiencias tienen un rol fundamental en su origen, lo que no debiera olvidarse en una época en la que se estila un enfoque más prosaico de las religiones y sus ideologías.
Cada religión tiene un sinnúmero de intereses; por este mismo hecho, se unen en alianzas estratégicas para proteger esos intereses, sin olvidar la esencia por la que cada cual tiene existencia, o –al menos- lo intentan; algunas veces con aciertos; otras, con hipocresía. Para ejemplificar, podríamos dilucidar que el aumento masivo de iglesias cristianas independientes en África influenciará al cristianismo a nivel mundial, o bien, algún cambio se verá reflejado. Otro ejemplo es observar cómo las emigraciones y las diásporas, que han tenido lugar desde el inicio y el fin del colonialismo, ponen de manifiesto que las religiones ya no están confinadas a sus países de origen.
No podemos dejar de mencionar que concepciones laicas como el humanismo científico o el marxismo, provocaron cambios en el “equilibrio” entre las religiones tradicionales y el ateísmo en varias zonas del mundo; pero –como están vinculadas al nacionalismo-  los países han sido políticamente decisivos. Ejemplo de ello es la Unión Soviética. Nunca se logró destruir ni la iglesia ortodoxa ni el Islam; de hecho proliferaron también sectas como los Testigos de Jehová.
Si ponemos un ejemplo cristiano, pero desde otra perspectiva, podemos señalar el auge de la renovación cristiana, manifestadas por expresiones de piedad y práctica evangélica por parte de los pentecostales y los carismáticos que reflejan las experiencias del “Espíritu Santo”. El número de este tipo de cristianos es bastante alto.
Muchos conflictos bélicos son consecuencia de diferencias religiosas. Las fuerzas espirituales que existen entre las diferentes corrientes de creencias, no las eximen de la observancia del impacto negativo de las discrepancias entre ellas.
También podemos mencionar que factores como el fenómeno de las comunicaciones e internet han colaborado para que las religiones no mueran, sino que muten o que vuelvan a su esencia. La información al instante actualiza y abre el mundo y la mente.
Para potenciar o redondear las ideas expuestas podemos mencionar que entre lo que ha impactado a las religiones, están: el pluralismo cultural, la secularización, el resurgimiento de corrientes religiosas, el relativismo del pensamiento religioso[v]
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En el plano material las religiones han sido catalizadoras de problemas sociales y políticos. Es bien sabido que prácticamente todas las religiones son asistenciales en distintos niveles. Por ejemplo: casas de ayuda a los pobres, ayuda y asistencia a las mujeres embarazadas, a los huérfanos, a los refugiados políticos o a los que las instituciones estatales no ven, porque son “invisibles” socialmente…
En el plano inmaterial (espiritual) las religiones intentan ayudan a revelar el misterio del orden de la existencia, haciendo votos de respeto. La contemplación de sí mismo, de la naturaleza y del Conocimiento, con una acción tranquila y plena de convicciones, ayuda al encuentro de ese orden universal. Las santas verdades acompañan al ser humano en el dolor de su alma o en su dolor físico. Ningún libro sagrado podrá ayudarle más que una experiencia religiosa.
El plano inmaterial ayuda y convoca a la serenidad y a la armonía con el cosmos, un camino para entender el sufrimiento del existir, para entender la fugacidad de lo material y para sostenerlo ante la presencia de la muerte propia o de los demás.
Si queremos dar un ejemplo concreto de lo dicho últimamente lo podemos encontrar en el Judaísmo, donde vemos cómo los socios de la colectividad aportan con dinero para estudiantes universitarios judíos de clase media o clase baja, sin pedirle nada a cambio, salvo que estudien con la bendición de HaShem (Di-s) y después sean generosos con otros. Aquí se cumple la protección material que aporta pertenecer a la religión judaica y el apoyo inmaterial (espiritual) para que cumpla con la tzedakah (justicia) un aporte que no es caridad sino que es voluntario-obligatorio, que toda persona religiosa debe cumplir y a la vez se hace por  tikún (corrección): el aporte monetario es más que eso, es por justicia y corrección del alma aportar, así se ayuda al necesitado y se corrige, aunque sea un poco, alguna falta de sí mismo.
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Nos quedamos con las palabras de Basset[vi]: “La adhesión a una tradición religiosa particular, en un mundo resueltamente pluralista, tiende a aislar al creyente en su marco de vida, dado que sus referencias espirituales no son ya aceptadas de manera general (…). Frente a esta soledad, el fiel siente la tentación de replegarse en su comunidad religiosa, en detrimento de la sunción de un compromiso con la sociedad…”
Para finalizar, no podemos dejar de mencionar que lejos de desaparecer las religiones, los estudios y estadísticas dicen que han aumentado el número de religiosos de distintas corrientes: más de dos mil millones de cristianos, alrededor de mil quinientos millones de musulmanes[vii],  cerca de dieciséis millones de judíos[viii] y numerosos budistas, donde no se concuerda si son trescientos cincuenta millones[ix] o no… Cualquiera sea el número, estamos hablando de cifras altísimas... y no contamos acá las sectas que suscitan interés, controversia, pasión; tanto de intelectuales como de personas no instruidas. Asimismo, tampoco hemos considerado a los grupos esotéricos y el mercado ocultista que son cautivantes por su fenomenología. Todos existen y coexisten… ¡Todos están más vivos que nunca!





[i] BASET, Jean Claude: El diálogo interreligioso,  Desclée, Bilbao, 1999, pág. 406
[ii] BASET, Jean Claude: El diálogo interreligioso,  Desclée, Bilbao, 1999, págs.. 422, 423
[iii] BASET, Jean Claude: El diálogo interreligioso,  Desclée, Bilbao, 1999, pág. 29
[iv] POUPARD, P.: Diccionario de las religiones
[v] BASET, Jean Claude: El diálogo interreligioso,  Desclée, Bilbao, 1999, pág. 401
[vi] BASET, Jean Claude: El diálogo interreligioso,  Desclée, Bilbao, 1999, pág. 424